sábado, 3 de octubre de 2009

hospital federal I

Este es un hospital federal Señor, lo siento, pero antes de atenderlo deberá pagar la cuota de los rayos X, la cuota de la consulta, así como el derecho a ser atendido...
Asentí con una sonrisa amarga, mis manos temblaban sin control, sudaba frío de veras, sentía un temor no sé por qué, me encontraba en la sala de urgencias de un hospital federal, sin duda alguna mi herida no era mortal pero de alguna manera debía ser atendido, de repente llegó una señora requiriendo los servicios medicos, mencionaba algo sobre su esposo, se había caído desde un colado: se rompió una costilla; rápidamente las preguntas de rigor: nombre, apellidos,edad, ocupacion y sorprendentemente religión, ella sutilmente respondió:
-mmmm pues católica ¿no?
Asentí de nuevo y respondí al enfermero.
-No tengo dinero me he accidentado y he venido aquí como pude ¿cómo es que puedo ser atendido?.
- hable con la señorita de trabajo social -dijo entredientes- pero antes debe pagar para ser atendido-
Rapidamente me tendió unas hojas con letras y números. Asentí nuevamente.
Poco después me encontraba en la calle con algunos papeles (arrugados por un arrebato de furia e impotencia, ja) en mano. Pues mi herida no se mira tan mal -me dije- un tanto hinchada, con un color verdoso medio raro, mi dedo índice puede mejorar, lástima de la uña partida por la mitad ¿habrá llegado hasta el hueso? sentía escalofríos, sin duda debía ser atendido. Me pregunté por mis antiguos cursos de primeros auxilios, por las clases de educación por la salud. Debía ser atendido.
Una hora de carros, ruido, gente gritando, la ciudad hecha una caos, ola de calor y un señor fumando bajo el farol después llegué a una especie de pieza parecida a un consultorio privado, en el pórtico se asomaban las palabras: Doctor Díaz, pase usted. Toqué la puertecilla, nadie respondió salvó un tipo con bata del local de al lado:
-Ah, ¿busca al doctor? espere un momento parece que salió.
Y enseguida desapareció entre los anaqueles de pastillas, vitaminas y dulces con sabor a menta.
Al instante, se abrió la puertecilla y el doctor me hizo con señas que pasara.
Ya adentro sentí un nuevo escalofrío aunado a miedo y confusión, el lugar era sumamente sombrío, la escoba y el jabón jamás habían pasado por ahí, diagramas, un esqueleto viejo y amarillento, esquemas del corazón, arterias y riñones se sumaban a la pieza, de un momento a otro estaba examinando mi dedo y comenzó a palparlo:
-Tuviste suerte, la uña recibió todo el impacto, incapacidad dedal de tres a cinco días ¿usted hace algún trabajo manual?
- Escribo
-Mala suerte -dijo- detrás de sus lentes gradación 10 y eso es poco.
Pase Ud. a la pieza contigua para curarlo adecuadamente, pero espere un momento debo ir antes a checar los materiales.
Enseguida se fue y comenzé a escuchar ruidos de acomodo esto aquí y quito esto y lo pongo allá, etc.
-Pase, pase, adelante por favor.
-Lo seguí a la pieza contigua, esa no era.
-Sigame por favor.
Abrió otra puerta, entramos y caminamos por un raro pasillo para finalmente llegar a una habitación con una cama quirúrgica con aparatos por doquier: tijerillas levemente occidadas, pinzas de legrado, sustancias con color amarillento, anaqueles, una incubadora de raro aspecto, un respirador con la boquilla saturada de moho, etc. Comenzó el proceso de curación.
- Esto va a doler.
Agua oxigenada, sustancia café con mucha espuma, gasas, etc. en el piso había una multitud de colores: sangrientos, tristes, amarillos, parece que cada uno expresase la condición del paciente que había estado con anterioridad. Yo había dejado mi huella.
-Y cómo fue el accidente -preguntó mientras me arrancaba algún gemido, mueca, dolor.
- Recuerdo que una especie de puerta me cortó, de eso hace una hora.
-Bastante tiempo, pero no se preocupe ya casi he terminado.
Al final seguí por los raros y diferentes laberinticos pasillos, imaginaba estar en un hospital lleno de gente, siluetas aquí y allá, gente gritando, temiendo por su vida, sudando frío, bebés en la incubadora muertos, suturas purulentas, colores enfermizos, el viaje...

Aún me sigue doliendo el dedo, espero pronto se alivie y pueda señalar mi decepcionante atención médica.

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