jueves, 15 de octubre de 2009

Cuando te acercaste sentí el sabor de tus ojos, y casi, imperceptiblemente, el de tu alma...
La algazara se postró en mi hombro, comenzé mi charla amena y sincera sobre tu cuerpo arrebolado: " Eres una diosa de la promiscuidad tu sexo sabe a mariposas negras, azules y rojas, sobre tus muslos con anices y ungüentos de la India se edifican la pasión, la lujuria y el placer, amada mía, labios coralinos o destellos del mar enfurecido, perlas en la medianoche de embriaguez eterna, de inciensos dulces y someros, de granos, pastillas y corazones superstite...
no dejes que los cuervos se postren en mi mente"
Se había ido, tristemente, se marchó entre calles que serpean, suben y bajan, se doblan, se quiebran, se adelgazan, justo como ella, se había ido...

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