Cual pluma de quetzal echada al viento, cual jade
perplejo ante la inmensidad sonora. Declinan los instantes y los segundos sin
ti, inevitablemente.... inefable en la estancia de tus ojos, de ti de mí de sólo
ambos. Inmarcesible, inmarcesible tu risa de cristal venteado. Te puedo sentir
llena de alegría y desasosiego. Te puedo tocar sin sentir tus huesos, te puedo
tocar los cabellos con aroma de algodon. Te puedo quemar con palabras dulces,
encenderte, tomarte o dejarte... si lo tomas te amaré, si lo dejas te amaré. Se
caen las agujas del reloj por tu larga espera, se derriten y subyugan ante el
clic inminente. La partida comenzó muy tarde, demasiado tarde yo diría. Ahora
el instante me agobia rutinariamente, ahora sólo falta esperar la partida y el
desenlace de mi triste-alegre obra.
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