Relato
El brillo se ha oxidado lentamente, las calles saben a leche con hormigas, descienden en tumulto las extrañas miradas inquietas de paseantes con rumbo desconocido, aún lo recuerdo como si fuese ayer, como si de alguna manera te me hubieses grabado con aguja y tinta: llenabas las tardes con arroz y granos de miel, con esa suavidad que sólo tú sabias expresar; al final terminabas sin decir nada, como un niño ante la mirada obtusa del perro que ladra ferozmente.
Los faros se apagaban y seguían mi ruta, la senda del hábito perdedor, aquella rutina flagelante de la que todavía no puedo escapar, de esta manera perdido en discernimientos inútiles me armé de valor y saqué el As de la manga, sin saber que lo mejor se reservaba para lo último. Sólo algunos libros llegaban a impactar, a llenar esos huecos de tickets de entrada a un universo paralelo-alterno al nuestro, claro que mucho más agradable, es ahí donde puedo jugar a ser mago: jugar con el tiempo, con las armas llenas de lápices y sacapuntas, y prosigo la historia de mi vida en la que ninguna vez he ganado y siempre perdido, entre aulas y malas compañias. Llego a la pared roída por el tiempo acaso y me cubro hasta la cara con las sabanas, no quiero sabeer nada del mundo que he dejado tras de las cuatro paredes, tras de la sombra, porque nada hay ahí que no me ofrezca un buen silencio o una buena conversación.
Las calles atiborradas de vientos horribles que comen hasta los huesos se fueron poblando de sonrisas, de palabras espectrales, de tus canciones, de tus caricias, de tus falsos sentimientos, tu figura en el aire se llena de calma estremecedora, de relampagos mortales. Hemos abandonado los faroles oxidados y tomado la ruta dispar, ahora simplemente todo ha pasado, la calma ha sobrellevado nuestra amistad, por lo pronto sigue el viento en popa, seguro tendré razones para tenderme en el pasto y escribir poemas sueltos sin metro alguno, el instante nos arrobó peligrosamente, y tú ahí temerosa, deseando que un tren te lleve entre sus calderas de aquí para allá, sin aval, no se vale...
Esperaré corriendo en el bosque de orquideas... Para esto contraje los sentimientos más profundos, tedio y melancolía se fueron apoderando de mí, me sacaron del juego y perdí, poco a poco destrozé las raíces, tiré de ellas y construí una colonia de popularidad incierta hasta el punto de ser nada ni siquiera yo mismo, tenía lo que quería menos a ti, no me disgustaba la idea de tener recuerdos gratos y aventuras exitantes, no sé qué falló, quizá haya sido el exceso de cargas e ideas, algo existe en mi mente que no se puede aclarar,espero no sacrificar ideas...
Sólo me justificaré con ciertos fines, cuando todo haya finalizado, entonces tomaré el boleto y volaré hacia la represión, la libertad quizá fallida de Casal, aspirar a las regiones etéreas del Arte, allá donde vuelan los alciones sobre el mar....
Miraré de frente al sol y me sumergiré en falos de alegría, en sienes perfumadas y frondosas, después me perderé en tus pupilas verdes, en los nísperos que algún día bajamos de las estrellas fraguados de un sabor increíble, todo lo que deseo es que hayas sido feliz aun cuando nos hayan arrebolado las palabras, aun cuando nuestras ilusiones hayan fracasado por banas mentes insanas, el recuerdo de haber estado ahí me llena con un sudor fresco y delicioso, plantaciones de cafe, hongos silvestres y avellanas, dulces mangos, alegres campanas, quiméricas pasiones...
Porque te quiero como no sé querer, como si se llenara mi presencia de agotadoras y asfixiantes mariposas, como cuando te dije te quiero y no oíste bien, te hiciste la loca, ahora es demasiado tarde ¿no crees? por qué venir a invitarme a mil partes, acaso querés reponer tu error, acaso te habrás dado cuenta de mi risa insólita que es de amor, de angustia, de tedio enloquecido, quizá ya te hayas dado cuenta, ahora sólo falta que caigas en derredor... Ahora sólo falta tu espacio, tu aliento, tú, el tú, sólo tú...
Todo eres tú, todo eres nada, el hueso de la vida que ya no me place roer.
La esponja de mi corazón ya absorbió tus encantos, los ligó a mallas de acero oxidable y quejumbroso.
Los páneles solares dejarán de brillar, ahora la noche se posará en mi camino, cuervos espectrales, sensaciones ignotas con panes desesperados...
No soy un buen perdedor, qué más da, si los higos saben a gloria: tus besos sabrán a eternidad.
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