Sentí su mirada en la dermis,
de pronto un arrebol de primavera estremeció mi cuerpo.
Sabía que todo se había perdido.
El agua de su alma comenzó a disiparse
cual pluma de quetzal echada al viento...
Todo lo que necesitaba era un poco de risa, llanto y mar,
sabía que debía todo, pensabas que era nada,
Caracolito de arró se prendió el cielo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario