sábado, 10 de abril de 2010

quizá algún día

La mirada de tus palabras fue demasiado cálida a las tres de la tarde,
cándor de primavera tu dulce charla a las tres de la tarde,
como si los duraznos se comieran la mañana, la noche y el día...
Devienen los segundos sobre mi rostro y sólo se me ocurre pensar en ti:
tu manera de ser tan arrebolada, la sensación de filigrana que guardan tus brazos,
tus historias de magia, misterio y sensación,
o las cajas llenas de botones que guardan mil maravillas.
Sabes que te debo mucho aunque pienses que te debo nada.
Como siempre me daré cuenta muy tarde, cuando en el reloj sean las 3:15 de la tarde,
cuando hayamos salido y sucumbido ante la acera llena de faroles oxidados,
en ese entonces pensaré en cursivas y lineas rectas.
Qué difícil explicarlo, aún así probaré mi suerte
pero de todos modos es seguro que fallaré
o quizá algún día bajo cualquier pretexto llegue a necesitarte...

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