Agotado, el desfalco me llenó de sombras.
Embriagado, la memoria me rindió sus frutos.
Agobiado, el amor se acabó...
Derrotado, mi amigo se despide amablemente
y cesudo, y mi pensamiento desarrolla la venganza
penetrada. El corazón decide a sanar
endiabladamente y su carne se malluga al extremo de las moscas
desencantadas, el mundo promete esperanzas...
El hueso de la vida que me place roer... y pensar que algún día volveré con la excitación de comer una manzana y con las alas de Ícaro, volveré a subir azoteas... y pensarás en tu inevitable caída, porque quién mejor en esas cuestiones de alturas y viajes prolongados, de serpes, de carruajes, de mariposas y hadas dopadas, en extremo, in situ, mi deseo es aclarar el pensamiento y depositar telarañas en tu casa, en tu alcoba, en tu ventana... vamos al ocaso y muere creadora ya agotada.
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